ES UN PARAÍSO DE LETRAS

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viernes, 30 de julio de 2010

EL PIANO DE RAMÓN

EL PIANO DE RAMÓN


Cerca de la luna, vivía un hombre que tenía un piano de cola en el más frío y oscuro anochecer. Tocaba toda la noche a partir de las doce aproximadamente.


Los vecinos se quejaban del ruido que degeneraba ese instrumento.


Ramón, no se quejó nunca de su música, aunque muchas veces se grababa para oírse y mejorar día a día, noche tras noche.


Sus vecinos, tan quemados con la música, se personaron en el bloque de Ramón y le dijeron que parara la música, pero él dijo que si.


Al rato, a las pocas horas de que durmiesen los vecinos, volvió con tocar el piano, esta vez sonó melodiosamente romántico, y los vecinos no se molestaron, siguieron descansando en sus camas de tela fina de algodón.


La noche, oscura, con tenebrosa mirada,…


El sol, escondido entre las sábanas de la tierra… no levantó cabeza entre los mil mares que él derramó, porque nunca volvió a nacer, permaneció la penumbra tan borracha que, el corazón y el alma las tenía Ramón.


Un largo trecho le quedaba por descubrir para adueñarse de cada universo que iba tocando en un suspiro, con sus pros y sus contras.


Lo más factible de todo es, que los alienígenas de color azul marino, de tres manos de hierro, cuatro ojos, una nariz, dos piernas de acero, vestidos de la época de guerra caníbal, eran pacíficos al oír el piano de cola por Ramón y ellos les proclamó el Rey del Reino Azul.


Las derrotas que sufrió él eran la de los cangrejos amarillos vestidos de jamaicanos fumando tequila verde, eran luchadores insufribles, inagotables horas bajo un sol que no les penetraba ni en la piel, se ponían muy morenos.


Escuchando todas las posibilidades de unirse a cualquier banda rival que quisiese, siempre habría una batalla a nivel universal, donde humanos y extraterrestres estaban expuestos a liquidarse entre unos y otros.


Ramón era el conejillo de indias y nunca se posicionó en ninguna parte, su hermano era el que estaba con los cangrejos amarillos porque le daba mucho el sol.


Él era bajito, pelo largo, hasta el cuello, pelo tintado de verde, su cara era cuadrada, su cuerpo redondo, las manos eran como un mono de piel blanca, piernas más bien delgadas, finas, sus pies le median 25 cm, calzaba un 43 de pie, etc.

martes, 27 de julio de 2010

ROSA Y SUS MUÑECOS PARLANTES

Bueno, esto forma parte del ejercicio de: ADICTOS A LA ESCRITURA donde me he afiliado para éste proyecto y otros futuros que se avecinan, espero que os agraden mis descripciones, narrativa, cuentos, etc.

Visitad la web y afiliaros y uniros.

ROSA Y SUS MUÑECOS PARLANTES



En una habitación, a plena luz del día, Rosa, se escondió tras las sábanas, en la mañana, ocultando su cuerpo hasta su rostro, no quería salir de su habitación, le tenía pánico a estar acompañada de alguien, era una muchacha muy rara en éste aspecto tan peculiar e inusual, que lloraba por todo, hasta por una araña.

No quería nada más que su querida madre, porque era el consuelo de todas sus quejas y lamentaciones.

Debajo de la cama habían todos sus juguetes, también les tenía un cierto terror.

Resulta que, se movían por el suelo y hacían mucho ruido, jaleo, fiesta y juerga.

Los juguetes, eran de metal, de acero, hierro, etc.

El muñeco que mayor ruido hacía fue la vaca Olivia de metal, cantaba, reía, bailaba, susurraba junto al gato de hierro esas palabras que María escuchaba: Vaca Olivia - “Vamos a saltar que Rosa no se entera”.

Pero se enteró de todo pero no dijo nada.

Llamó a su madre para que viniese que no estaba loca, cuando vino Marta, todos los juguetes estaban quietos.

Marta – Rosa! No hay ningún juguete que esté hablando ni nada por el estilo, esto te lo estás inventando, te llevaré al psicólogo.

Rosa – No me lo estoy inventando, es verdad! Si no vente y míralo mama.

Marta – Bueno Rosa siempre dices estas cosas y nunca es verdad, duerme y piensa que mañana tienes vacaciones.

Rosa se fue a dormir y ya no hubo jarana debajo de la cama.